Es evidente que lo anterior no es más que un absurdo, fruto de un retorcido razonamiento deductivo. La guerra, sea cual sea, está muy lejos de ser racional. Es más, la guerra no es más que una imagen de la irracionalidad humana. Porque en esta guerra –y en cualquiera otra- no puede haber ganadores; sólo habrá muertos, sólo dolor. Si al menos el número de bajas ayudase a disminuir el hambre y la desigualdad en el mundo. Pero no, ni siquiera. En esta guerra irracional ningún bando merece compasión. Usted, Mario, usted dirá que los israelíes fueron muy exagerados en su respuesta, que mil trescientos muertos son demasiados. Y, claro, coincidimos. Pero estará también usted de acuerdo conmigo en que los palestinos han hecho gala de una terquedad uribesca. Después de todo, son ellos, los palestinos, los que no han estado de acuerdo con las negociaciones –incluso con una particularmente interesante que les ofrecía el 90% del territorio-.Y es por eso que los matan a todos.
No puedo decir que no me gusta ser cruel –y estoy seguro de que usted ya lo ha notado-, por eso, quisiera explicarle de una manera un poco más cruel, más ácida, más cruda porque pienso que esta guerra-como todas- es absurda e irracional. Estoy seguro de que usted recordará lo que pasó en 1987; algo llamado “intifada”-la primera, por si fuera poco-. Estoy seguro, también, de que usted recuerda como una masa amorfa de palestinos se lanzó con nada más que sus manos y unas cuantas piedras contra los tanques israelíes –que, obviando el blindaje metálico contra balas, explosiones y, por supuesto, contra la más letal de las armas: las piedras, los misiles, las ametralladoras, la movilidad todoterreno y demás, estaban en las mismas condiciones que los palestinos-. Y, estoy seguro de que lo que más recuerda es cómo fueron masacrados. Ahora, habiendo expuesto de nuevo los hechos, vamos al análisis. Usted, Mario, que yo supongo un ser enteramente racional –como se supone son los humanos- ¿se lanzaría con tres piedras –supongamos que lleva una en la boca, en el improbable caso de las dos que lleva en las manos no sean suficientes- contra un tanque de guerra? Está bien, no le estoy dando mucha ventaja; después de todo, es un tanque de guerra, ¿no? Seamos un poco más justos, le daré un arma más, para igualar del todo las cosas, tendrá usted a su disposición toda la furia de Alá. Quizás ahora esté más claro.
Espero que no me malinterprete. No puedo sentir más que admiración por los palestinos. Yo también moriría por mis ideales, o creencias si las tuviese. No obstante, es imposible ponerme de un lado o de otro. Los palestinos son asesinados por montones, más de 1300 en el último mes. Pero ellos también matan. Y, después de todo, matar es matar. Por eso no puedo tomar partido. Soy consciente de las atrocidades cometidas tanto por unos como por otros. Soy consciente de la muerte. Soy consciente de la lucha territorial. Soy consciente de la lucha religiosa. Por eso no tomo partido. Puedo opinar, si quiere, pero nada más. Opino que Israel exageró y que mostró una inhumanidad inverosímil. Opino que Palestina puede encontrar mejores formas de hacer respetar su territorio, entre esas, abriéndose a negociaciones. Opino que es inhumano matarse de esa manera tan despiadada. Opino que ninguno de los dos bandos tiene razón. Opino que no deberían ser tan extremistas, ni Israel ni Palestina. Mario, al usted pedirme que tome partido me está, en otras palabras, que emita un juicio. Y, más sutilmente, me está diciendo que debo desear que uno de los dos gane. Y, la verdad, no me importa cuál de los dos salga victorioso en este combate sinfín. Sólo quisiera que acabe. ¿O acaso piensa usted que cerrarse al diálogo, a la razón, y tomar las armas es la única solución? Muy sinceramente, espero que no sea así.
Me despido,
Miguel.