En El Peor de los Casos
Desde hace varios meses, el mundo entero se ha enfrentado a una epidemia de gripe sin precedentes. Con una, abrumadora y preocupante, mortalidad del 4%, la gripe porcina ha hecho estragos en la economía, la política y la sociedad mundial. Sin embargo, nadie se ha detenido a pensar lo que pasaría si la mortalidad aumentará a un porcentaje verdaderamente peligroso. Y, sobre todo, nadie se ha preguntado, ¿qué pasaría en Colombia?
De entrada, el problema iría hacia los pobres; todos lo sabemos: nada es aprueba de pobres, y menos este tipo de cosas. Ahora, bien, todos sabemos que los pobres no hacen nada bien: estorban en los semáforos, roban para comer, piden limosna, no trabajan, no estudian. ¡Hombre, cómo si el gobierno no los ayudara!, en fin: pobres, después de todo. Así, pues, los primeros en morir, en mayor número, serían los pobres. Y, dado que hay tan pocos en el país, seguramente no se notará la diferencia.
No obstante, quizás, en la situación supuesta, podrían servir para algo. En primer lugar, dejarían de hacer lo que ya hacen, y no ya no serían vistos como pobres. Ni siquiera como vivos. Por una parte, serían tantas bajas que no habría con qué hacer falsos positivos: menos corrupción, por un lado. Y, por si no fuera poco ya, y en directa relación, como no habría con qué, no necesitaríamos comprar armas, ni municiones: ahorro, por el otro. Además, no habría que preocuparse de todas esas organizaciones para desplazados, indigentes y mendigos: no tendríamos la necesidad de.
Pero, bueno, no nos digamos mentiras: pobre es pobre y si no la embarra a la entrada, la embarra a la salida. Después de tantos muertos… quiero decir, de tanta ayuda, llegará un momento en el que ya no habrá lugar en los cementerios; y, dado que el campo está lleno de minas, el espacio allí también se acabará rápidamente. Entonces, seguramente, uno de esos pobres desconsiderados, le dará por morirse en uno de esos sucios callejones donde les gusta vivir. Y, ¿cómo no?, todos seguirán el ejemplo. El problema es que ya no quedará espacio para enterrarlos y se pudrirán ahí, en la calle. Ahora, sólo imaginen: el olor, el aspecto, el aire denso. Además de todo, comienzan los problemas de sanidad: gallinazos en exceso, enfermedades infecciosas. En otras palabras, será más grave el problema que beneficiosa la solución. Pero, qué esperaban: ¡pobres!, después de todo.